¡Cómo me gusta la vida!: 1 de Octubre "Día Internacional de las personas de edad!
Juan Manuel Espinosa Almendro
"Este dolor no me deja vivir, este Ictus que se ha apoderado de mi cuerpo y de mi mente desde hace días me tiene hecho polvo. Es un dolor físico, intenso, lancinante, que me embota y no me deja pensar con claridad. Y un dolor emocional por esta disminución de la autonomía a mis ochenta y tantos años."
Hace dos días tuve una interesante conversación que me ha hecho reflexionar. Me aconsejaron que pensase en los problemas surgidos y en las soluciones adoptadas a lo largo de mi vida, para aprender a afrontar esta nueva etapa. Tras pensarlo un par de días, no solo me pongo manos a la obra, sino que voy a escribirlo para tenerlo presente.
Recuerdo la infancia y la juventud como etapas de mucha felicidad, en el seno de una familia numerosa en la que también estaban la abuela y una tía que siempre vivieron en nuestra casa; veranos tremendamente largos con juegos permanentes e inviernos en el colegio con amigos y compañeros. Viví activamente la transición, era muy idealista. Creía profundamente en la transformación de la sociedad con más igualdad, libertad y bienestar.
Sin llegar a ser un Don Guido de Machado, me gustaba salir con amigos, enamorarme y vivir intensamente la vida. Luego, intensos años de trabajo, formación de la familia, esposa, tres hijos, hipoteca, pagos de todo tipo...pero conservando aquellos principios que adquirí en mi juventud. Mi mujer trabajaba a la par mía, compartíamos las tareas de la casa aunque me decían que tender ropa o hacer la compra no era propio de hombres. ¡Qué equivocados estaban!. Ahora me satisface mucho haber luchado por esta igualdad, aunque no siempre lo he conseguido.
Llega una nueva etapa, crucial para estos últimos años, la jubilación. La deseaba y a la vez sentía un miedo atroz. Mis aficiones: ver el fútbol en la tele y poco más. ¿Qué iba a hacer con tanto tiempo libre?
Iba a cuidar a mis cinco nietos, a los que quiero muchísimo, pero tampoco quería que fuera una obligación sino un disfrute, para ellos y para nosotros, compatibilizando los cuidados con nuestros planes como personas jubiladas, porque los principales responsables de los niños son sus padres. Enfocarlo así nos ha ayudado a ambas partes.
La confluencia de vejez, ocio y hábitos poco saludables pueden llevar a enfermedades como la tensión y la diabetes. Por ello, acudo me controlo en mi centro de salud, allí me aconsejan apuntarme al programa “Por un millón de pasos”, que tanto a mi esposa como a mí, nos ha enriquecido en estos casi veinte años. Además, ¡quién me iba a decir que iba a hacer tai-chi en el paseo marítimo! También hicimos inolvidables viajes con el IMSERSO a Mallorca, Canarias, en baños termales…, con amigos de nuestra edad con los que compartimos alegría, expectativas e inconvenientes de la vida.
Dimos otro paso al frente, participando activamente en una asociación cercana, en la que he estado hasta ahora acompañando a personas mayores, como nosotros, que viven solas o que están en la residencia, con las que hemos compartido agradables ratos de charla sobre muchos temas de la vida.
Pero, ahora que me veo como me veo, me pregunto ¿qué voy a hacer? Y he decidido que tengo que seguir siendo yo, viviendo cada minuto de la vida que tengo por delante, tendré que adaptarme a esta nueva vida, pero ya me he adaptado tantas veces, que esta será otra más.
Me voy a ofrecer a enseñar a jugar al ajedrez a los jóvenes del instituto que hay cerca de mi casa, puedo seguir acompañando a las personas que viven solas, si no puedo ir personalmente lo haré a través del teléfono, y sobretodo puedo y quiero seguir amando a mi familia, a mis amigos y a la vez, recibir todo el cariño que me dan día a día y que en estos momentos de dolor y confusión, aún más lo necesito.
Después de esta reflexión, ya no digo “y ahora, qué?” sino que digo, “aquí estoy para seguir viviendo”, con sus alegría y sus penas, con sus días de sol y los días nublados, echando de menos el tiempo pasado pero afanándome al futuro, porque vivir, hay que vivir hasta el final.
Porque “Si no persigues lo que quieres, nunca lo tendrás. Si no vas hacia adelante, siempre estarás en el mismo lugar”. Nora Roberts