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El mañana nos juzgará por nuestros silencios

Paco Rabasco y Pepi Altamirano

Paco Rabasco y Pepi Altamirano llevan 46 años casados y diez jubilados, y están convencidos de que lo más importante en el envejecimiento activo es seguir siendo útil, ayudando a la sociedad de alguna manera. “Nada de perder la comba, como dicen en mi pueblo” dice Paco entre risas.

 Ninguno de los dos pensaron que su jubilación sería como lo está siendo. Ambos se jubilaron a la vez. Pepi sonríe mientras cuenta, “mi marido y yo nos jubilamos el mismo día, del mismo mes, del mismo año. Él es dos años mayor, pero yo no quería que se quedara en la cama cuando yo me fuera a trabajar”.

Ambos pensaban que su jubilación sería un momento tranquilo. Algunos de sus planes para la jubilación eran ordenar muchos libros que tenían en casa, leer, viajar, etc. Incluso llegaron a pensar que en esa nueva etapa de la vida hasta habría tiempo para el aburrimiento. Sin embargo, los dos se estaban equivocando. Lo primero que hicieron fue apuntarse a unas clases de “pilates” en  un club cercano a su casa.

Entonces, se dieron cuenta de que en su barrio había muchas personas desgastadas físicamente, y pensaron que todo lo que estaban aprendiendo en sus clases podía ser beneficioso para otras personas mayores. Y se brindaron para organizar un grupo que estuviera interesado en este tipo de ejercicio físico.

Al principio, nos cuentan, no llegaban ni a diez. Ahora, diez años después, ya son más de 60 personas las que acuden tres días a la semana a un taller totalmente consolidado en el que no sólo están para ayudar al cuerpo, sino que también están atentos a otras necesidades de las personas. 

Paco señala que las sesiones tienen una estructura metódica flexible porque “si hay una persona que necesita hablar, pues habla”. Más de una vez les ha pasado, que los nuevos “alumnos” lo que realmente necesitan es hablar con la gente y el taller de pilates es su excusa para estar rodeados de personas. Muchas veces lo que más se valora no es sólo la satisfacción del ejercicio, sino la satisfacción de convivir.

Además, el taller de pilates continúa durante el verano. “Pretendemos que la gente que nos necesite, siga teniendo sus sesiones habituales”. Explica que cuando se van de vacaciones o tienen que faltar, siempre hay otros voluntarios que los sustituyen.

“Los ejercicios siempre son los mismos o muy parecidos de forma que si a la persona que está dando el taller se le olvida alguna de las actividades, siempre hay alguien que sabe cuál es el siguiente ejercicio o cómo sigue, por lo que no hay ningún problema si nosotros faltamos algún día, porque el taller seguirá dándose”.

Aseguran que el tiempo para uno mismo, tampoco es tan importante como muchos creen. Para Paco y para su esposa, Pepi, los talleres de pilates que imparten nunca han sido una carga. “La satisfacción que obtienes por hacer algo por los demás, es superior a la que te puede dar el hecho de estar descansado. Yo creo que descansados vamos a estar el día que nos muramos” afirma Paco.

Paco y Pepi también están comprometidos en otras actividades como el taller de teatro, con otro grupo de compañeros y compañeras de su asociación.  Con este grupo preparan pequeñas obras de teatro que luego representan en distintos lugares y con  el dinero obtenido colaboran en proyectos sociales de Cáritas y de otras ONGs. El fin social y solidario está bien claro, nos dicen, pero en el fondo este taller es una excusa para reírnos y divertirnos, porque en los ensayos, lo pasamos muy bien.

También colaboran con otras organizaciones como el Movimiento Familiar Cristiano o recogiendo todo tipo de útiles para bebé, siempre que estén en buen estado, y los entregan a una asociación. “Con una mano los recibimos y con la otra los entregamos a estas asociaciones. Recibimos pañales, ropita de bebé, andadores, carritos y todo lo que nos traigan”. Precisamente, el día que quedamos para hacerle esta entrevista, presenciamos la entrega de un lote de materiales a un representante de la ONG Red Madre.

 Paco y Pepi son personas inquietas y con una claridad de ideas, respecto a la sociedad y al mundo actual, bastante notable. Paco sostiene de forma vehemente que “el mañana nos juzgará por nuestros silencios”. Está seguro que ante todas las injusticias que ocurren en nuestro mundo y el silencio en el que vive toda la sociedad, “los jubilados debemos alzar nuestras voces y denunciar. Pedir que los mandatarios y grandes empresarios se muevan por un mundo mejor. Porque, de lo contrario, ese silencio nos matará a todos”.

Cuando les preguntamos qué consejo darían a otras personas jubiladas nos dicen que “lo más importante, es hacer algo por los demás”. Para ellos el tiempo invertido ayudando a los demás nunca ha sido tiempo perdido. Aseguran que hay tiempo suficiente para todo, lo familiar, lo doméstico, el ocio… y también es bueno salir de uno mismo y de los suyos para compartir nuestro tiempo con otras personas, para hacer que la sociedad mejore. No podemos cambiar el mundo, pero sí podemos hacer algo con las personas próximas a nuestras vidas, más allá de nuestra propia familia.

Estas acciones son perfectamente compatibles, afirman, con las demandas de la propia familia. “Tu familia está ahí y ellos saben que los quieres mucho. Pero hay tiempo para estar con la familia y tiempo para nuestras actividades”. Ambos participan a veces en mesas redondas, dirigidas a estudiantes universitarios, en las que defienden que una de las cosas que “debemos hacer las personas jubiladas es que nuestros hijos y nietos entiendan que los padres/abuelos también tenemos vida propia”.

La expresión, a primera vista, puede parecer que va en contra de todo lo que tantos abuelos y abuelas hacen por sus hijos y por sus nietos. Pero la realidad es muy distinta en sus vidas. Ellos también han sido durante años “abuelos canguro” pues las circunstancias  familiares, afirman, vinieron así. Al poco de jubilarse y, a pesar de los planes de viajar…, que nos contaban al principio, nació un nieto al que han dedicado mucho tiempo y se sienten muy orgullosos de ello.

Paco y Pepi son una pareja especial. En la entrevista mantenida no lo han dicho directamente, pero salta a la vista, que han sabido plantear y vivir una jubilación compaginando lo doméstico con el apoyo a los hijos, las aficiones personales, el tiempo para su propia pareja y la apertura a otras personas en acciones solidarias, en un equilibrio realmente admirable, y que nos hace seguir creyendo, que la jubilación en estas condiciones es probablemente la gran oportunidad para vivir la plenitud vital. 

Paco y Pepi
Once historias de envejecimiento activo EMISOR