Herramientas de accesibilidad

Skip to main content

En la jubilación podemos decir sí o no a lo que hacemos, lo importante es elegir lo que nos haga seguir creciendo como personas (In memóriam)

Manolo Fernández Santos

Manolo Fernández Santos ha sido una de esas personas especiales con las que uno tiene la suerte de cruzarse en la vida. Estuvo marcado desde su nacimiento para ser “ciudadano del mundo”. La profesión itinerante de sus padres le hizo vivir en distintos puntos de España desde sus primeros años de vida hasta llegar a Carmona, en Sevilla, donde formó su familia. 

 La suya ha sido una vida cargada de aventuras y solidaridad en sus más de treinta años navegando por los mares de más de cuarenta países como capitán de la marina mercante. Esta es una circunstancia que le permitió conocer culturas, países así como tremendas diferencias sociales, económicas y de oportunidades entre las personas, en función del lugar donde viven.

Estas necesidades, lejos de hacerle indiferente, fueron acrecentando en él las motivaciones solidarias, ayudando durante su etapa laboral a comunidades de distintos lugares, principalmente transportando ayuda humanitaria a países empobrecidos. Antes de jubilarse creó la ONG Fe y Futuro, formada íntegramente por personas voluntarias, para canalizar la ayuda con más eficiencia.

Tras jubilarse dedicó más de diez años de fructífera vida a distintos proyectos solidarios en los que dejó una huella imborrable a la vez que sembró en las personas con las que se relacionó potentes semillas de compromiso social. La muerte le sorprendió “con las botas puestas” en el instante en que llegaba a su casa un día lluvioso de noviembre de 2012, cuando volvía de hacer gestiones para la organización del “potaje solidario” que cada año celebran en Carmona para obtener fondos con los que financiar proyectos de desarrollo en países empobrecidos. Manolo ha sido, sin duda, un claro ejemplo del envejecimiento activo emisor de alternativas que mejoran la sociedad.

Desde que oímos hablar de él en el centro de la Olavide en Carmona, nos llamó la atención lo que de él decían quienes le trataban. En mayo de 2007 le invitamos al I Encuentro de Voluntariado de CONFEMAC, para que compartiera con personas mayores voluntarias lo que desde la ONG, Fe y Futuro, venían haciendo por el desarrollo humano de personas y poblaciones empobrecidas en eso que llamamos el tercer mundo.

Ese fue el comienzo de una apasionante relación en la que Manolo nos ha dejado una huella de la que no fuimos conscientes hasta su fallecimiento, de forma tan inesperada. Comenzamos a colaborar con sus proyectos y ya había quien pensaba en él como futuro presidente de CONFEMAC. Y así fue. En febrero de 2009 asumió esa responsabilidad y la relación se fue haciendo más estrecha y frecuente. 

Durante estos años hemos compartido viajes y largas horas de conversación, sin un minuto de desperdicio, sobre temas recurrentes: las personas mayores, el envejecimiento activo, el sentido de la vida, su labor con los nietos recogiendo a unos en la salida del colegio, ayudando a estudiar a otros… Una de sus últimas frases, tres días antes de morir fue: “el lunes tengo examen de matemáticas y el miércoles de cono”, haciendo referencia al acompañamiento en el tiempo de estudio. También hemos hablado mucho de teología, de la Iglesia, de la solidaridad, de las injusticias en el mundo... Y todo lo vivía con una pasión, con una fuerza y con un compromiso verdaderamente motivador para quienes compartimos con él algunas “jornadas del camino”.

Esta relación nos ha enriquecido como nunca imaginamos y nos ha hecho sentir una complicidad permanente con sus planteamientos de vida como persona y como jubilado comprometido, porque la forma de vida de Manolo ha sido vivir para los demás, los de aquí y, especialmente miles de personas, a miles de kilómetros de distancia con las que supo tender lazos y puentes de solidaridad. 

Aquí, como presidente de Cáritas de Carmona, donde desarrolló una eficiente labor con familias, personas adictas a la droga y con toda persona que pasara por un momento de necesidad. Durante sus más de 30 años de navegante, llevando ayuda humanitaria a distintos países. 

El primer proyecto del que le oímos hablar en el I Encuentro de Voluntariado de CONFEMAC en el año 2007 fue “Agua para mil personas”. En ese Encuentro nos contó todos los detalles de la excavación de un pozo de más de cien metros de profundidad en un poblado africano en Ghana, que hizo que más de mil personas tuvieran el agua a pocos minutos de su casa cuando antes la tenían a más de tres cuartos de hora, caminando. Tan impactante como el relato de los hechos era la pasión y la fuerza que transmitía al contarlo. 

Luego vinieron otros proyectos como la cooperativa agrícola, más pozos y balsas de riego en Senegal; el envío de un tractor, con todos sus aperos de labranza, la cooperativa de artesanos en el altiplano de Argentina; la fábrica de jabón artesanal en Sedhiou; el envío de la furgoneta y remolque para el reparto de jabón hasta la capital; escuelas para sembrar un futuro más esperanzador en muchos niños; o la construcción del centro de formación para mujeres en Abidjan (Costa de Marfil) en el que estaba trabajando antes de morir.

Y desde aquí, siempre articulando iniciativas para generar ayuda eficiente: la carrera solidaria, rifas, representaciones teatrales, lotería de Navidad. No perdía un minuto para hacer “patria” de la solidaridad y así le sorprendió la muerte cuando llegaba de la calle y sin quitarse la chaqueta comenzó a preparar unas invitaciones para el famoso potaje solidario.

Manolo era arrollador e incansable, pero tenía muy claras las ideas acerca del envejecimiento activo. Aparte de todo lo que ya hemos referido, participaba como alumno en el Aula Abierta de Mayores de la Universidad Pablo de Olavide; daba conferencias sobre temas de envejecimiento activo y sobre solidaridad; participó en la elaboración del Libro Blanco de Envejecimiento Activo de la Junta de Andalucía y, en relación con este tema, siempre decía lo siguiente: “Es cierto que participo en muchas cosas, tengo todo el tiempo ocupado, pero puedo decir sí o no a cada una de las aventuras en las que me implico. Si elijo el sí es porque me gusta y porque lo que hago me ayuda a desarrollarme como persona”.

Manolo 
Once historias de envejecimiento activo EMISOR