Emplear nuestro tiempo en lo que nos gusta, porque eso es para lo que tenemos facilidad
Concha Redondo Tarodo
Concha Redondo Tarodo se describe como “un ser libre, apasionado y con un sentido profundo de la amistad”. Siempre se ha dedicado a la enseñanza. Por eso, ahora que está jubilada y con 83 años, sigue dando clases, por pura afición, de la que ahora es su materia preferida, la asignatura “Aprende a mirar la historia con otros ojos” y lo hace en el Aula de la Experiencia de la Universidad de Sevilla.
Además, participa en diferentes grupos de tertulia, como el Encuentro de Buscadores y La Búsqueda, diálogos entre personas de diferentes edades y alumnos del colegio Santa Ana de Sevilla. Ha estado colaborando al menos diez años en el economato de algunas Hermandades. Ha coordinado un grupo de personas mayores voluntarias del Aula de la experiencia que visitaban a personas muy mayores en residencias o en sus casas y nos dice que al realizar esa actividad “sentía mucha paz”. “Para mí –dice- la amistad es algo fantástico, a distintos niveles, con unas personas tengo más confianza, aunque en general yo tengo pocos secretos”. Es una persona pequeña de estatura, inquieta y que transmite vitalidad por los cuatro costados.
Al principio de la entrevista y al hilo de distintas experiencias que nos cuenta, manifiesta que en la vida “hay que dar pasos, hay que transgredir para que avance la sociedad. Para que avance el mundo alguien tiene que saltarse ciertas normas, con el peligro que eso suponga”.
Ella sabía que quería pasar su jubilación, ayudando a los demás. Nada más jubilarse, fue directa al Aula de la Experiencia, pero ya habían cerrado el plazo. Entonces, se enteró que en Pino Montano había un lugar para personas con problemas de alcohol. “Y me presenté allí, y dije que si podía trabajar en algo. Me pusieron de telefonista. Pero de telefonista se puede estar de muchas formas. Yo recibía a gente. El director estaba muy contento, quería que yo me quedara allí. Y a mí me sirvió mucho. Aprendí que el alcoholismo es una enfermedad”.
Además, también es responsable, junto a dos personas más de un taller que se llama Vida Sencilla. “Es un nuevo enfoque para afrontar la vida. Es un enfoque de sencillez, es ir desprendiéndose de cosas que no interesan nada. Hay quien ha creado un huerto y come de él. Pero yo no, a mi me gusta mucho la naturaleza, pero no tengo fuerza, porque soy un espíritu joven en un chasis viejo. Yo estoy convencida que lo mío en este momento de mi vida, -porque todos tenemos talentos- es la tertulia, la unión”, asegura Concha.
Uno de estos grupos que creó hace ocho años es una experiencia intergeneracional en el Colegio Santa Ana de Sevilla donde periódicamente un grupo de personas de distintas edades se reúne- con un grupo de alumnas y alumnos para hablar de muchos temas de la vida. No hay un guión previo ni se pretende llegar a acuerdos. Hemos tratado temas como la violencia de género o los padres ante las decisiones de los hijos… Es muy interesante porque los niños dicen maravillas. Por ejemplo, decir, “es que mi padre quiere que sea como él quiere que yo sea, o como él quiso ser… Lo dicen todo, porque además saben que de allí no sale nada. Eso es muy importante y, con libertad y educación, dicen todo lo que quieren. Hay mucha gente que dice que ha aprendido una barbaridad de estos niños y niñas”.
El ritmo de la sociedad de hoy no facilita las relaciones intergeneracionales sino que tiende a favorecer relaciones entre personas de la misma edad en función de sus ocupaciones o del momento que la sociedad les asigna en la vida según su edad. Pero a ella le gusta relacionarse con personas de todas las edades porque así sigue aprendiendo. “A mi todo esto me aporta vida”, dice Concha.
“En esta experiencia hay gente de mi edad, y de 70 y de 50 y madres de edades más jóvenes y luego está la gente más joven, del colegio, que andan por los 15 ó 16. Es muy enriquecedor. Todas las personas nos parecemos, pero cada una vive su experiencia y mi experiencia no es mejor que la experiencia del otro. Siempre con mucho respeto, sin juzgar. No me gusta juzgar. Me gusta conocer, saber dónde estoy y cuando tengo que decir cosas las digo, pero siempre con respeto”.
También ha participado en el grupo de trabajo que elaboró el Libro Blanco de envejecimiento Activo de la Junta de Andalucía. Su forma de entender y de vivir la vida es un claro ejemplo de cómo se hace realidad la conocida frase de “no añadir años a la vida sino añadir vida a los años”.
Concha asegura que para ella el envejecimiento activo es ser como ella es. Porque no podría ser de otra manera. Tendría que nacer de nuevo. Recuerda que cuando era pequeña era igual que ahora. No entiende otra manera de envejecimiento, no se podría quedar en casa. “Yo creo que estoy en estas cosas porque me va. Yo no hago ningún sacrificio. Ni en la tertulia, ni en el Encuentro de Buscadores, hago sacrificios. Es una tendencia mía. Las personas que asisten a mis clases de historia dicen que “más que historia doy vida”, “yo creo que sirve mucho mi alegría. Soy una persona alegre y con mucho sentido del humor”.
Sus máximas en la vida- se encuentran en estas dos frases de John Lennon y Churchill: “La vida no es lo que programamos, sino lo que acontece” y “He vivido preocupándome de muchas cosas que nunca sucedieron”. Concha dice que utiliza mucho estas frases en sus tertulias: “Yo hablo mucho de las mochilas, porque cogemos mochilas que no nos pertenecen. Ya bastante tenemos con la nuestra. Pero hay personas que además de sus problemas cogen los de sus hijos, los de sus nietos… y están que no pueden más”.
Finaliza, con un consejo para todos los aspectos de la vida, “creo que cada uno debemos emplear nuestro tiempo en lo que nos gusta, porque eso es para lo que tenemos facilidad”.
Concha Redondo